febrero 01, 2008

Lo que pasó entre cervezas y risas. Parte II

Ella lo podía conseguir todo. Había logrado salir del hoyo en el que estaba, y en el que había estado por mucho tiempo. Se había tatuado a los 16 años un símbolo que sería importantísimo en su vida, y que la acompañaría y le daría fuerzas cada vez que lo necesitara.
Entró a la universidad... hasta ese entonces quería ser profesora de Inglés, pues quería ayudar a adolescentes que hubiesen perdido su norte, como ella había perdido el suyo alguna vez. Pero ese sueño duró poco, ya que se dio cuenta que ser la "vieja" de Inglés no era precisamente lo que quería hacer el resto de su vida. Y así, con la ayuda de Dios, logró entrar a una de las mejores universidades del país, a una carrera que la alucinaba y la hacía soñar, a pesar de no tener muy claro a qué se dedicaría después, le parecía increíble que la calificaran por leer y entender teorías literarias, saber cómo escribir, conocer diferentes períodos y sus corrientes, y lo mejor es que era en Inglés... era la carrera soñada...y es que en realidad tenía que ser así.
Pero antes de matricularse en su carrera de ensueño, vivió por primera vez un sin fin de cosas nuevas que la tenían en un estado de felicidad e incredulidad permanente.
Ella había querido ir por mucho tiempo a una disco en la que tocaban la música que a ella le gustaba y que nadie más oía, y por esas cosas de la vida conoció a P, quien casualmente también escuchaba esa música.
Y ahí estaban ellas, bailando en B. Era un mundo que las cautivaba y las envolvía, las atraía a hacer cosas que ahora jamás harían.
El transporte no era problema, porque no importaba si salían de B a las 4 de la mañana, siempre había una micro que las llevaba de vuelta a casa. El dinero no era problema, pues K no gastaba mucho en la universidad, y siempre tenía dinero guardado. El permiso para alojar fuera de casa no era problema, ya que siempre se quedaba una en la casa de la otra. El copete tampoco era un problema; pasaban a ese bar cerca de B en donde los conocidos y la cerveza nunca faltaban.
De cierta manera K y P fueron creciendo juntas en este mundo. Cada uno tenía una relación que había nacido producto de éste.
Cuando K lo besó por primera vez fue todo muy mágico. No recordaba la última vez que había tenido un beso tan perfecto. Estaba viviendo algo maravilloso, y no quería por ningún motivo que acabara. Muchas veces se preguntó si sería apropiado vivir por primera vez eso que muchas mujeres guardan para "el hombre correcto". La verdad es que le importó bien poco el tiempo que llevaban juntos o lo que fuera a pensar la gente. En ese momento se amaban tanto que se lo gritaban al mundo entero, y en realidad, todo lo demás daba igual.
Esa noche K y su novio estaban muy nerviosos, pues habían planificado todo. Estaban bailando en B como si fuera cualquier otro sábado, pero no era así. Camino a la casa del novio de P, los nervios ya no podían más, y esas miradas casuales y las risitas tontas se apoderaban de ellos.
Ella siempre había tenido ciertas dudas acerca de su virginidad, pues se le hacía raro que un chico de 21 que gustaba de ese ambiente nunca hubiese hecho nada. Pero era verdad. Ella se dio cuenta, y él lo corroboró al verse algo complicado y decirle "¿Ves que soy virgen?". Para ella esa frase fue la más dulce de todas, ya que su cara parecía la de un niño que no podía resolver una suma con reserva cuando estaba en el colegio. La canción Lullaby de The Cure no paraba de sonar... ella la repetía una y otra vez.
Vivieron muchas cosas juntos. Pero eso ya era parte del pasado para ambos. De pronto K se dio cuenta que no importaba cuanto pudiese amar, cuanto pudiese entregar o cuanto pudiese arriesgar. Sus vidas habían cambiado dramáticamente, y cada uno había tomado un camino diferente. No sabía con certeza si esos caminos fuesen a encontrarse de nuevo algún día, a pesar de que lo ansiara y lo deseara más que a nada en el mundo. Sólo tenía clara una cosa: Que los finales felices son sólo de Disney.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Hallo!

Me cae bien lo tuyo, sobre todo recordar momentos lejanos. Pero recuerda lo lejano siempre está más bueno, por que esta lejos, lo vemos nebulosamente y claro porque nos sierve para crecer, así que pa`adelante nomás!
beso

©Iv4n4 dijo...

Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

No puede ser!!!

♥ஐMaría Cieloஐ♥ dijo...

Siempre es bueno escribir perdiéndose en la bruma de los recuerdos, aobre todo, porque la distancia y el tiempo tiñen las cosas de cierta magia e idealismo del que es imposible desprenderlas.


PD: Por supuesto que podés agregarme como link! para mí, es todo un halago de una escritora tan buena como vos.
PD2: Qué gracioso.... La cordillera se ve exactamente igual desde mi facultad... Sólo que del otro lado. ;)